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Pajaritos por allí. Deliberación política y redes sociales

Las nuevas tecnologías han revolucionado nuestra forma de comunicarnos: acortan distancias, facilitan la inmediatez y casi transforman el espacio-tiempo permitiendo que los círculos de interacción social se amplíen hasta gente que no conocemos personalmente.

La participación, el interés por la política, el debate y la opinión son cuestiones que tradicionalmente se han abordado desde las ciencias sociales. A qué edad se participa más, de qué maneras, o con quién hablamos de política y en qué esfera, son algunas de las preguntas que “están resueltas” por la ciencia política. Las dinámicas de opinión y generación de debate público. Lo relativamente novedoso -porque ya no lo es tanto- es cómo ha podido influir la irrupción de las nuevas tecnologías y, en particular, las redes sociales, en este debate público.

Las redes sociales -y centramos bastante el tiro en Twitter- tienen dos características fundamentales que hacen que las dinámicas de participación hayan podido verse alteradas: (i) la inmediatez, el poder compartir en tiempo real una opinión o una reacción a un suceso, altera la creación de líderes de opinión respecto a la manera a la que estábamos acostumbrados. (ii) El anonimato, poder esconderse detrás de un pseudónimo puede hacer más sencillo opinar sobre un tema controvertido sin miedo a represalias.

La realidad es que Twitter en particular se ha convertido en una cámara de eco que genera una alta polarización y acaba utilizándose para autorreafirmar las ideas ya existentes. El caso de Twitter es especialmente relevante por su alto nivel de segregación y selección, en el que apenas existe conexión entre izquierda-derecha. Así lo cuenta Pablo Barberá aquí. Analiza los datos y menciones a los candidatos a la presidencia Romney y Obama, y explica que las interacciones ideológicas cruzadas no son habituales, en su lugar suelen tener lugar entre los usuarios con posiciones ideológicas similares.

La polarización política se muestra, en este caso, particularmente intensa entre los usuarios que tienden a la derecha del espectro ideológico. Mientras que los usuarios liberales también presentan este patrón, pero tienden a participar más en las conversaciones a lo largo del espectro ideológico.

El debate en Twitter está dominado por extremismos –¿quién lo iba a decir, eh?-, los más moderados tienen menos actividad que los extremos, a pesar de que estos últimos representan una minoría.

En esta misma línea, aplicado al caso Español, Luz Congosto analiza las dinámicas de interacción y movilización política que se dan en Twitter. Ha habido un gran aumento de usuarios e interacciones, lo que ha contribuido a dos capas de usuarios: los altavoces, cada vez más difundidos, y los retuiteadores, que aumentan el ritmo de difusión de los altavoces. Disminuyen los monologuistas -con participación alta y sin retransmisiones por otros-, y aislados -que no hacen ni reciben retransmisiones.

De las elecciones catalanas del 2010 hasta las generales del 2015, ha aumentado la retransmisión de los mensajes en Twitter y ha disminuido la asimetría de estos. Esto significa que la mayoría de los tuits y retuits eran de un grupo muy reducido –en el caso de los tuits- y reducido -en el caso de los retuits. En este periodo, el número de personas que difundían los retuits ha decrecido, pero la retransmisión de los mensajes ha aumentado, por lo que no aumenta el número de personas activas, pero sí su capacidad de difusión.

El debate sobre Cataluña, más que sonado estos días, ha sido un buen ejemplo para analizar si las redes nos ayudan a ser personas más deliberativas y más dispuestas al debate. Joan Balcells y Albert Padró-Solanet se preguntan en qué medida las redes pueden contribuir al debate político, si estas pueden aunar puntos de vista contarios en Cataluña y si reaccionarán unionistas e independentistas de la misma manera ante el clima de opinión percibido. Hoy día internet está produciendo una fragmentación de la comunidad que puede llegar a afectar a la legitimidad de los gobiernos. Los algoritmos de los motores de búsqueda son tan precisos que nos muestran información totalmente pensada para nosotros. No obstante, esas herramientas de filtrado, son las que también permiten acceder al debate público.

La falta de personalización o identidad en internet que mencionábamos más arriba, puede influir en el efecto deliberación de internet, ya que se necesitan unas “normas de cortesía” para que los demás se expresen libremente. Estas normas se complican con la falta de identificación personal. En la misma línea, ciertas formas de participación –como la implicación en el debate en redes- quedarían reservadas a pequeñas élites, ya que la “participación discursiva” tiende a reproducir patrones de desigualdad similares a los de otras formas de participación convencionales.

Resulta interesante que en el caso concreto del debate sobre la independencia de Cataluña, se muestra una predisposición a debatir en espacios más privados: (1º) familia, (2º) trabajo, (3º) Facebook, (4º) Twitter. En todos los ámbitos se percibe un mismo grado de acuerdo/desacuerdo, sin embargo, donde más se desconoce la posición ideológica de los participantes es en Twitter y Facebook, favoreciendo nuevas opiniones y, por lo tanto, el debate. En familia, son los independentistas quienes se muestran más propensos a debatir, mientras que en Twitter son los unionistas.

Determinan finalmente que (i) el debate sobre Cataluña se debate abiertamente en las redes sociales como un espacio altamente público, (ii) la predisposición a debatir en redes no está relacionada con percibir la opinión propia como minoritaria, (iii) no encuentran diferencias entre independentistas y unionistas en la predisposición para debatir en ambientes contrarios a la opinión propia.

En esta misma línea –realizado sobre el estudio del caso de Colombia- se encuentra una relación entre la economía del individuo y su capacidad de deliberación, mostrando como las mayores rentas tienden a ser menos deliberativas. Los usos políticos de internet tienen, además, un impacto positivo en la deliberación pública, siendo los usuarios más políticos, los más tolerantes, pero también los más polarizados.

Si hay algo que nos ha traído la “revolución de las redes sociales” ha sido, sin duda alguna, los bots. Raro es que jamás te hayas encontrado con interacciones de lo más variopintas por cuentas que poco o nada tienen que ver contigo o con el tema sobre el que versa tu tuit. Con los bots llega otra gran controversia. Los bots aumentan los seguidores, la presencia y la repercusión. Con la ayuda de bots, uno puede aumentar la difusión de un hashtag, por ejemplo, e incluso influir en el clima de opinión. Los bots en Twitter funcionan porque dan la difusión y ampliación necesarias. Así es más fácil que se propague un atributo en una “red local de socialización” – un barrio residencial, por ejemplo, si se consigue que se perciba como global o al menos más extendido de lo que realmente es. El uso de bots podría amplificar un mensaje lo suficiente como para cambiar el rumbo de una campaña política, sobre todo si se trata de una negativa. Sobre ello debaten Montse Fernández y Luis Castro aquí.

Lo que está claro es que las redes sociales se han convertido en un paradigma más de comunicación y aún veremos muchas más implicaciones en las ciencias sociales. ¿Recordáis la IA de Microsoft en Twitter que se volvió racista y nazi? Quizá aún es pronto para hablar de gran calado, pero no tardaremos en ver las implicaciones que la inteligencia artificial, por ejemplo, tendrá en la opinión pública.

Lorena Sánchez Chamorro

Lorena Sánchez Chamorro

Jurista y politóloga. Friki de la literatura, las telecomunicaciones y la vida en general. Firme defensora del conocimiento multidisciplinar. Siempre aprendiendo. Análisis crítico como base de todo.

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