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Las políticas públicas de urbanismo, mediante sus operaciones de renovación y de rehabilitación, han sido y son causantes de gentrificación. La remodelación de la plaza Dos de Mayo, la limpieza de fachadas y otras operaciones han contribuido, por ejemplo, a hacer de Malasaña un barrio de moda en el que la subida de precios ha corroído el tejido vecinal de antaño. Si a esto le añadimos la crisis y la falta de políticas sociales, no es de extrañar que Madrid se haya convertido en la última década en la capital más segregada de Europa. Por lo tanto, si queremos diseñar ciudades que fomenten una mezcla social benéfica, la regulación de alquileres y el aumento de la vivienda social deben ser acompañadas por una política de urbanismo coherente con este objetivo.

Para ejemplificar esto, he elegido un elemento muy específico de la urbe: el mercado municipal. A pesar de haber perdido importancia con la llegada del supermercado, sigue siendo sinónimo de calidad y buen precio y responde mejor que nunca a desafíos contemporáneos como la economía y agricultura local o la reducción del uso de plásticos. Los mercados también poseen valor social y comunitario, al ser un punto de interacción en los barrios. Asimismo, veremos en este artículo por qué pueden ser considerados como atractivos urbanísticos para las clases medias/altas. Estos últimos son los principales actores de los fenómenos de gentrificación, y por lo tanto dispersar los centros dinámicos de comercio local podría diversificar las preferencias habitacionales de las clases acomodadas, que hoy se limitan a unos pocos barrios. La descentralización de los mercados municipales es, por lo tanto, una senda que merece ser investigada por las autoridades locales.

Neil Smith (1996) explica que la gentrificación se da cuando existe una «brecha de renta» en los barrios céntricos que fueron abandonados y depreciados tras la Segunda Guerra Mundial y que a partir de los años 80 vuelven a resultar atractivos para las clases medias. Invertir en la renovación de suelos tan baratos resulta altamente rentable para los inversores, que se aprovechan así de esa brecha de renta. Smith muestra cómo esta gentrificación, que califica de revanchista, ha sido permitida en gran parte por una planificación urbana al servicio de los intereses del sector inmobiliario.

Este proceso ha dado lugar a una relegación de las poblaciones más modestas a las periferias y un paisaje urbanístico que Sibley (1995) describe como un paisaje de exclusiones. La tesis de Rex y Moore de 1967 ya mostraba que existe una jerarquía social de los espacios y que esto tiene efectos en la integración social de las poblaciones. Vemos por lo tanto cómo la gentrificación aleja cada vez más los barrios de Madrid de una mixidad social inclusiva (Dansereau, 2003), es decir, de una composición que permita mecanismos de ascensión social en el vecindario.

En lo que concierne a las acciones de la política pública, sabemos que la mejora de la estética de las estructuras patrimoniales es motor de dinámicas gentrificadoras (Ley, 2008). Los mercados municipales son, en este sentido, considerados como elementos de distinción (Bourdieu, 1984), ya que se asocian a valores de autenticidad buscados por las clases medias. La práctica de adquirir productos frescos y saludables en un mercado se inserta en una escenificación del nivel de vida del consumidor. Como muestra un estudio de 2016 titulado Compras de alimentos en familias canadienses de bajos y altos ingresos, la primera gran diferencia entre las familias es el lugar a que se recurre para hacer la compra. Los más adinerados varían más sus fuentes, acudiendo a mercados artesanales o a la compra directa al productor para adquirir productos de calidad. La vida sana y el consumo ético son características necesarias para considerarse como ciudadanos cultos que no se dejan engañar por la comodidad de los productos congelados y conservas.

A mayor nivel socioeconómico, mayor es la preocupación por una alimentación saludable. La oferta de productos frescos de los mercados tradicionales, al ser asociada con esta práctica, les convierte en potenciales lugares atractivos. (Encuesta Nacional de Salud de España, 2017, elaboración propia)

Los gobiernos locales, conscientes de este auge de los mercados, han realizado operaciones de revitalización respaldando las demandas del sector privado, como en el caso del Mercado de San Miguel, fomentando así la elitización de los barrios céntricos. Interrumpir la lógica del mercado, impidiendo la concentración de ”elementos de distinción” en unas pocas zonas, es una manera de frenar la gentrificación desde las políticas públicas.

Existen 46 mercados municipales en la capital, muchos de los cuales se encuentran en el exterior de la almendra central. Para descentralizar las zonas de interés, las operaciones de revitalización de mercados deberían realizarse entonces en los distritos que no consideran las clases acomodadas para instalarse, como Usera o Carabanchel.

Fuente: Plan estratégico de los Mercados Municipales de Madrid 2017-2021, Ayuntamiento de Madrid

En Barcelona o Madrid se ha comprobado cómo la revalorización de un mercado y su publicidad ha fomentado la aparición de terrazas, tiendas y bares a su alrededor (Hernández y Andreeva, 2016). La creación de distintos centros dinámicos repartidos por el territorio puede no sólo atraer a las clases medias del entorno, sino también a la nueva generación de turistas que hoy en día busca alejarse de los monumentos emblemáticos y prefiere la autenticidad y cotidianeidad de los mercados municipales.

Dirigir los esfuerzos de renovación estética a los barrios más abandonados serviría entonces para reducir la presión en aquellos que corren riesgo o han sido gentrificados. Peter Marcuse (1985) propone en este sentido la creación de cinco zonas con distintos límites de intervención, partiendo de unas zonas de desarrollo maduro (La Latina, Chueca) hasta otras llamadas zonas de desarrollo inclusivo (Carabanchel). En las primeras no se permitirían rehabilitaciones con efectos segregadores, y en las últimas su desarrollo urbanístico sólo estaría condicionado por la participación de las poblaciones ya instaladas. Los mercados del centro pertenecerían así a las zonas de desarrollo maduro, y el Mercado de las Maravillas en Tetúan, por ejemplo, a una categoría intermedia en la que los desarrollos urbanísticos estarían considerablemente restringidos.

No obstante, estas revalorizaciones deben llevarse a cabo conservando el carácter público de los mercados, evitando las semiprivatizaciones realizadas en el caso del Mercado de San Miguel o el de Antón Martin, transformados hoy en mercados gourmet, modelo carente de utilidad para un mercado situado en la periferia.

En conclusión, se trata de diseñar políticas urbanas contrarias a la lógica del mercado, estrategia que tiene cabida en políticas descentralizadoras ya existentes como los Fondos de reequilibrio territorial. El diseño de políticas públicas de vivienda debe ambicionar, más allá de la propia oferta digna de ésta, una manera de convivir en el espacio urbano que propicie la justicia social en nuestras ciudades.


Bourdieu, P.  (1985)  La distinción: Criterio y bases sociales del gusto, Taurus colección “Pensamientos”

Dansereau F., Charbonneau S., Morin R., Revillard A., Rose D. et Séguin A.-M. (2003), La Mixité sociale en habitation, (La Mixidad social en vivienda) Direction de l'habitation de la Ville de Montréal, INRS-Urbanisation, Culture et Société.

Fijalkow, Y. (2016). Sociologie du logement. Paris: La Découverte.

Guillén, B. (2013, 18 de octubre) La brecha entre ricos y pobres en Madrid, la más grande de Europa,  El Pais, Recuperado de https://elpais.com/ccaa/2015/10/09/madrid/1444416065_033414.html

Hernandez, A. y Andreeva, S. (2016) Mercados, museos o malls?
La gentrificación de los mercados municipales en Barcelona y Madrid, EntreDiversidades: Revista de Ciencias Sociales y Humanidades


Hiernaux, D. González, C, (2014) Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación. Revista de Geografía Norte Grande


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Lees, L. (2008) Gentrification and Social Mixing: Towards an Inclusive Urban Renaissance?, Urban Studies


Ley, D. y Dobson, C.  (2008). « Are There Limits to Gentrification? The Contexts of Impeded Gentrification in Vancouver », Urban Studies

L Beagan, B., Chapman, G. E., & Power, E. M. (2016). Cultural and Symbolic Capital With and Without Economic Constraint. Food, Culture & Society,  45-70

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Sibley, D. (1995). Geographies of exclusion,

Smith, Neil (1996) The  New  Urban Frontier: Gentrification and the Revanchist City. London: Routledge.