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En el día de ayer se dio el pistoletazo de salida formal a la concatenación de primarias, caucuses y procesos electorales varios que dan forma al complejo proceso de elección del presidente de la primera economía mundial. Ya hace meses que la atención mediática se ha centrado en evaluar las campañas de los candidatos, marcados desde el principio en el bando republicano por la sombra populista de Trump, y en el demócrata por la soledad estoica de Clinton; no obstante, los resultados en Iowa, la primera prueba de fuego electoral, han hecho atisbar por un lado la debilidad de la política-show de Trump y, por otro, el sorprende ascenso de la amenaza socialdemócrata de Clinton: Bernie Sanders. En definitiva, la contienda va a ser de todo menos aburrida.
Entrando en materia, no es casualidad que los americanos hayan acuñado la expresión race to the White House para referirse comúnmente al proceso de selección y votación de los candidatos presidenciales. Se trata, en efecto, de una carrera de fondo que se prolonga durante años y adquiere gran complejidad, máxime cuando hay un presidente saliente que se retira, como es el caso actual. Pero es también una carrera que adquiere atributos y reglas ciertamente confusos, en la vorágine de la cual uno puede perder la noción de su funcionamiento. El objetivo de este artículo es hacer un recorrido detallado de todo este proceso, identificando sus particularidades y dilucidando posibles confusiones al respecto, en razón de tres fases diferenciadas.

Estadio preelectoral
Antes de entrar en cuestiones puramente electorales, cabe recalcar que esta carrera de fondo comporta las más de las veces una preparación previa extremadamente compleja: lo normal es que un posible presidenciable se deje aconsejar por asesores o comités exploratorios antes de lanzar formalmente la candidatura, para así evaluar certeramente sus posibilidades. También suelen realizarse los primeros acercamientos al electorado y benefactores para recaudar fondos, aunque hay una legislación muy estricta que regula los métodos de financiación de las campañas. De hecho, la financiación es una de las razones primordiales por las que es conveniente empezar con mucha antelación, pues la legislación federal establece límites de recaudación para aquellos precandidatos que no hayan presentado aún un acta formal de candidatura a la Comisión Electoral Federal. Además, muchas veces su financiación depende en gran medida del apoyo financiero captado por los PACs (organizaciones afines a un candidato, que pueden ser sindicales, ideológicas o tener otras motivaciones o paradigmas de representación de sectores particulares de la sociedad, éstas con límites de contribución) y Súper PACs (sin límites de contribución). Desde los setenta se intensificó la legislación en este aspecto, intentando reducir su importancia en la campaña limitando la recaudación y ofreciendo subsidios estatales; no obstante, el surgimiento de nuevas formas legales (como las PACs) ha servido para que sindicatos y empresarios puedan burlar estos límites.
Un posible candidato puede invertir años en este estadio primigenio; por tomar casos actuales, el republicano Ted Cruz presentó su candidatura 20 meses antes de las elecciones, y se sabe que Hillary Clinton lleva preparando su candidatura presidencial desde por lo menos 2013 (y eso sin contar la experiencia de haber intentado disputarle a Obama la nominación demócrata en 2008).

Estadio de elecciones primarias
Tras haberse formalizado las candidaturas a la nominación de cada partido, los presidenciables inician el rally recaudatorio, durante el cual tienen dos objetivos principales: primero, atraer atención mediática suficiente para optar a la nominación (figurar bien en las encuestas, colocarse en términos de marketing, ganarse un sitio en los principales debates televisados, etc.); y segundo, garantizar la viabilidad económica de la campaña con un nivel de recaudación que la haga sostenible. Principalmente, los candidatos se dedican a acaparar esa atención recorriendo el país en furgoneta de campaña, y la dinámica frenética que adquiere desde el principio este proceso hace que sea muy difícil para los candidatos rezagados ponerse al día y sobrevivir económicamente.
Pero esto es solamente el preludio de la primaries season, durante la cual se disputan, generalmente desde enero hasta junio, la confianza de los votantes en los diversos caucuses y primarias, para luego ganar la nominación definitiva de su partido en la convención nacional (aunque, legalmente, cualquiera podría presentarse como independiente a las elecciones presidenciales). Aquí, obtener victorias tempranas es crucial para potenciar la financiación. Se procura que los procesos electorales se distribuyan en el tiempo de manera que los candidatos puedan concentran sus esfuerzos cada semana en los estados donde se celebren elecciones sin tener que renunciar a ninguno, aunque a veces se puedan concentrar las primarias de hasta más de veinte estados en un mismo día (por ejemplo, los Super Tuesday).
Una duda que muchas veces surge es sobre la diferencia existente entre un caucus y unas elecciones primarias. Primero, cabe resaltar lo que tienen en común, pues son de hecho procesos muy parecidos: en ambos casos, los ciudadanos afines a cada partido votan a uno de los candidatos indirectamente, pues a quienes escogen realmente es a los delegados que son afines a éste, para que luego le voten en la convención nacional del partido. Algunos estados optan por caucases, otros por primarias y otros por una combinación de ambos medios, pero el resultado es el mismo: determinar el número de delegados afines a cada candidato que son escogidos para representar al estado en las convenciones nacionales. En ambos casos, el sistema electoral es predominantemente proporcional, aunque varía en función de los estados. La diferencia radica, pues, en el procedimiento: mientras que las primarias consisten en eventos organizados por autoridades locales o estatales en los que se vota directamente a los delegados que representarán al estado en la convención nacional, los caucuses consisten en cadenas más complejas de elecciones, que comienzan normalmente con eventos privados organizados por los partidos políticos, en los que los votantes se reúnen para debatir y votar a los delegados que participarán en la convención del condado; éstos, a su vez, seleccionarán a los delegados de la convención estatal, para que éstos seleccionen finalmente a los delegados de la convención nacional (aunque no siempre funciona así, varía según el Estado). Asimismo, cabe notar el valor democrático que a menudo se considera que justifica estos complejos procesos de primarias: se considera que tienen la capacidad de igualar relativamente las contiendas electorales, en tanto que permiten que los candidatos menos conocidos puedan conseguir victorias pequeñas pero cruciales, abriéndoles las puertas a conseguir mayor notoriedad y facilitar que puedan financiar una campaña decente.
Ya escogidos en todos los estados los delegados que participarán en las convenciones nacionales, cada partido celebra la suya unos meses antes de las elecciones (las de 2016 tendrán lugar en julio), aunque en función de los delegados electos ya suele ser posible vaticinar quién será el futuro candidato presidencial. Normalmente, una vez formalizada esta nominación en la convención, el presidenciable escoge a un running mate, es decir, a alguien con quien compartir ticket electoral, generalmente para que aspire al cargo de vicepresidente (es frecuente que se escoja a uno de los candidatos que han perdido en la disputa por la nominación del partido).
Aunque las fechas no son siempre exactamente las mismas, el caucus de Iowa y las primarias de New Hampshire son siempre los primeros (en este orden) por tradición. A parte de este hecho, los analistas también suelen conferirles una especial importancia a raíz de la creencia general de que la población de estos estados tiende a ser más educada políticamente (sería interesante estudiar si es esto acaso causa o consecuencia de su preeminencia en el calendario).

Estadio de elecciones presidenciales
Una vez escogidos los candidatos oficiales de cada partido (además de posibles candidatos independientes), se abre el período electoral de mayor intensidad e interés mediático, caracterizado por generar los mayores desembolsos electorales del mundo en publicidad, actos, mítines, propaganda, etc. Se realizan numerosos debates televisivos cara a cara, se intensifica el state-by-state campaigning y se elaboran complejas estrategias para cubrir los estados más decisivos: se demuestra que es preferible prestar menos atención a aquellos estados claramente inclinados hacia una u otra opción, por lo que adquieren especial relevancia los llamados swing states (aquellos que no tienen una afinidad muy clara por uno de los dos grandes partidos).
Las elecciones presidenciales se celebran en noviembre, concretamente el primer martes tras el primer lunes de este mes. El funcionamiento técnico es el siguiente: formalmente, los integrantes del cuerpo electoral no participan en una votación directa del presidente, sino que votan para la designación de electors (compromisarios), que están asociados a la candidatura de un determinado candidato. El sistema electoral es mayoritario de circunscripción plurinominal, lo que significa que todos los puestos de compromisario de cada estado se otorgan a aquellos asociados al único candidato ganador (a excepción de dos estados cuyo sistema contempla la posibilidad de cierta repartición proporcional de los puestos de compromisarios: Nebraska y Maine). El sistema mayoritario se impuso en la Convención Constitucional de 1787 porque se consideró que solamente el partido mayoritario de cada Estado debía estar representado, «para que no peligraran los intereses de ese Estado por la unión de los representantes de la minoría con las mayorías en otros Estados» (Dieter Nohlen, Sistemas electorales del mundo, pg. 337). En total se escogen 538 compromisarios, un número que se deriva de la suma del número de senadores y congresistas que ostenta cada estado (por lo tanto, cada estado escoge un número de compromisarios igual al número de representantes que tiene en ambas cámaras). Esto no es proporcional en términos demográficos, por lo que se crean situaciones incoherentes, como por ejemplo que un candidato pueda obtener mejor resultado ganando en California (55) que en los doce estados más pequeños (54), aunque representen a más población estos últimos.
Todos los compromisarios electos forman el Electoral College, que se reúne para votar a los futuros presidente y vicepresidente de Estados Unidos. Suelen reunirse en diciembre, y el resultado del recuento de votos suele ser anunciado por el Congreso en enero; no obstante, el hecho de que generalmente sólo haya dos candidatos presidenciales evita posibles intrigas pactistas, sabiéndose por tanto ya en noviembre con seguridad el nombre del futuro presidente, y estando sujetos los compromisarios a un mandato imperativo que los obliga legalmente a votar a un determinado candidato; pero, de haber más candidatos y no darse una mayoría clara (como ha ocurrido en unas pocas ocasiones), la decisión se transfiere a la Cámara de Representantes, donde la delegación de diputados de cada Estado tiene un único voto, igualándose en peso a grandes y pequeños.
Muchos politólogos han visto en este proceso indirecto de elección del presidente, que algunos critican por antidemocrático y otros alaban por proteger a los estados más pequeños, un elemento característico del liberalismo clásico, impregnado de una noción de desconfianza ante las masas irracionales, incapaz de confiar la elección del presidente a una votación directa y sin intermediarios que pudiesen controlar el resultado. En términos generales también se hace evidente cómo este sistema, por su claro sesgo mayoritario, tiende a favorecer la estabilidad por encima del pluralismo en el Electoral College.
En definitiva, espero que el análisis llevado a cabo haya servido para clarificar en detalle la forma en que funciona el conjunto de procesos electorales que dan inicio en estas fechas, y que evolucionarán pronto de formas muy dispersas en el tiempo y diversas en su metodología. Aunque estos procesos presentan ciertamente una estructura compleja, y que a veces puede ocultar ciertos rasgos posiblemente defectuosos, es generalmente reconocido como un sistema de gran efectividad estructural, que además consigue con sus características tan particulares producir estructuras electorales más cercanas al mundo local, lo cual es un logro notorio en un país tan grande.