TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Los franceses, a diferencia de nosotros, no suelen recurrir a la cursilería de llamar al día de las elecciones “la fiesta de la democracia”. Y menos mal, porque si lo hicieran, las primarias para elegir al candidato del Parti Socialiste (PS) serían la fiesta más decepcionante de la historia. Este domingo 22 de enero tendrá lugar en Francia la primera vuelta de la “Primaire citoyenne” y siete días después se medirán en segunda vuelta los dos candidatos que más votos reciban. La contienda está poco animada, no porque esté claro quien vaya a ganarla, sino porque las encuestas auguran al candidato –sea cual sea– un decepcionante 5º puesto en la Elección Presidencial del 23 de abril. El partido que ha gobernado Francia durante los últimos cinco años se aproxima a unas lúgubres primarias, ¿cómo ha llegado hasta aquí?

Hollande, el quinquenio de la decepción

El 6 de mayo de 2012 François Hollande se hizo con la Presidencia de la República aupado por un fuerte rechazo al entonces Presidente, Nicolas Sarkozy. Francia, un país sociológicamente a la derecha, sufría los primeros compases de la crisis económica con un arrogante Sarkozy al frente. No fue tanto la pericia o el carisma de Hollande lo que le llevó a la victoria, sino que la prepotencia autodestructiva de Sarkozy le allanó el camino al Elíseo. Con todo, la coalición que le respaldó proyectó en él la antítesis de Sarkozy: el hombre humilde, el Presidente que quebrará el neoliberalismo del Merkozy, la gran esperanza socialista en Europa.

Hollande, es justicia decirlo, intentó al principio cumplir con la expectativa creada. Trató de implementar un impuesto sobre la fortuna al tipo de 75% para las rentas superiores a un millón de euros. Lo llamó –ad maiorem Montoro gloriam– “contribución excepcional de solidaridad” [risas enlatadas], pero la Corte Constitucional declaró inadmisible atracar al contribuyente tan alevosamente. Su hoja de ruta socialdemócrata en economía empezó a dar sus frutos: aumento de la deuda pública, subida del paro, recesión… El obrero lorenés en paro se decepcionó con Hollande y se echó a los brazos del Front National.

Así las cosas, Hollande tuvo que corregir el rumbo y girar a la derecha. En el volantazo saltaron por la borda del proyecto de Hollande sus apoyos más izquierdistas –los frondeurs–, entre ellos su Ministro de Economía Arnaud Montebourg. Mientras Montebourg & Co. le hacían la cama internamente a Hollande, un centrista Emmanuel Macron, delfín de Hollande, se hacía cargo de Economía. No sorprende que una de las leyes que más irritaron a la izquierda verdadera francesa fue precisamente la Loi Macron, que liberalizaba diversos sectores de la economía. Para desgracia de Hollande, Macron comprendió que las siglas del PS eran nefasta fachada para cualquier proyecto de futuro. Traicionando a su mentor, abandonó el Gobierno y creó el movimiento En marche ! para competir por su cuenta. Cautivo y desarmado, Hollande renunció a un luchar por un segundo mandato.

La desangelada primaire citoyenne

El 10 de enero de 2016 un grupo de intelectuales y ecologistas publicó un manifiesto reclamando unas primarias para elegir al único candidato de la izquierda. La idea fue inmediatamente rechazada por Mélenchon (Front de Gauche), el PCE y los ecologistas de Europe Ecologie-Les Verts (EELV) descartaron inmediatamente acudir a una fiesta organizada por el partido de Hollande. Con las expectativas bastante rebajadas, el PS organiza una “primaria ciudadana abierta” para elegir al candidato del centro izquierda. Finalmente participarán en ella el PS y sus micropartidos aliados: los ecologistas de la Union des démocrates et des écologistes (UDE) –una escisión de EELV– y los centroizquierdistas del Parti radical de gauche (PRG), que se sumaron en el último momento.

Los candidatos en la Primaire citoyenne son 7, pero realmente sólo 3 despiertan algún interés. Jean-Luc Bennahmias es un político centrista de la UDE que nunca ha ocupado un cargo relevante y que celebrará un 1%. François de Rugy es un diputado ecologista que abandonó EELV y se unió a la mayoría presidencial fundando el Parti Écologiste, integrado en la UDE: pelea con Bennahmias por el último puesto. Sylvia Pinel, antigua Ministra de Vivienda y única candidata, es la representante del PRG. Teniendo en cuenta que la mitad de su partido ha dado la espalda a estas primarias y apoyan a Macron, tendrá mucho mérito que obtenga más del 3%. Vincent Peillon pasó por el Ministerio de Educación con más pena que gloria. Se presenta a estas elecciones como la vía media entre Hollande y los frondeurs, discurso que le comprará en torno al 7% de los votantes.

Manuel Valls fue Primer Ministro hasta que dimitió para centrarse en lograr la nominación. Valls es un socialdemócrata económico que mantiene una dura posición en materia migratoria. Hollande se vio obligado a nombrarle Primer Ministro pues era la opción que menos rechazo levantaba, pero nunca ha terminado de confiar en él. Cuando Hollande dudaba si renovar o no, Valls se mantuvo leal al Presidente y guardó silencio hasta que decidió no concurrir. Sólo entonces Valls se lanzó a la carrera, recogiendo así el testigo de Hollande. Esa es su mayor fortaleza y debilidad: los hollandais son mayoría simple en el PS, por lo que es seguro que Valls estará en segunda vuelta, pero muchos socialistas quieren olvidar lo que Hollande representa y eso jugará en su contra el 29 de enero.

Los frondeurs, la oposición interna a Hollande, no han logrado un candidato único, sino que dos candidatos se postulan a representarlos: Benoît Hamon y Arnaud Montebourg. Ambos se ubican en el ala izquierdista del PS, se dedicaron a poner verdes a Hollande y a Valls –sus jefes– cuando aún eran ministros, se negaron a dimitir y fueron largados del Gobierno el mismo día. Sus programas son coincidentes en lo esencial (propulsar la iniciativa popular, mayor SMI, subidas de impuestos “a los ricos”, relajación del objetivo de déficit europeo…), pero tienen diferencias de perfil. Montebourg, Ministro de Economía de Hollande durante más de dos años, mantuvo siempre sus ideas y fue desautorizado por sus superiores hasta que terminaron echándolo. Hamon estuvo sólo cuatro meses al frente de Educación y, aunque criticó la derechización de Hollande, nunca tuvo una posición lo suficientemente sólida como para hacerse notar. En favor de Montebourg juega su férrea defensa de sus principios; en favor de Hamon, que sus leves responsabilidades de gobierno con Hollande no le han manchado.

El PS tras las primarias: pronóstico reservado

Salvo sorpresa mayúscula, Valls liderará la primera vuelta de la Primaire citoyenne. Hamon ha recortado distancia a Montebourg y hoy los dos luchan por el segundo puesto. El que lo consiga, se medirá a Valls el 29 de enero. Sea frente a Montebourg o frente a Hamon, Valls no lo tendrá fácil. Una encuesta de BVA considera que la participación será clave: si es baja, Valls se hará con la nominación; si es alta, el candidato frondeur le arrebatará a Valls la candidatura. En cualquier caso, las primarias de los socialistas serán lúgubres. El último sondeo de IPSOS ubica al PS, sea quien sea su candidato, en 5º lugar en la Elección Presidencial de abril. Además de Le Pen y Fillon, parece que adelantarán al PS el comunista Jean-Luc Ménlenchon y el centrista Emmanuel Macron, que viene pisando fuerte. Pero de Macron… ya hablaremos otro día.