TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Claudia Benlloch

La marca Podemos cotiza a la baja. Según el promedio de las últimas encuestas, el partido podría perder entre 18 y 28 diputados con respecto a 2016, quedando definitivamente relegado a la cuarta posición. Sin embargo, y pese a los intentos de unos por culpabilizar a los otros, no se puede afirmar categóricamente que este último movimiento de Errejón haya sido el desencadenante.

El pasado mes de septiembre, Errejón ya anunció que no cerraba las puertas a prescindir de las siglas de Podemos para su candidatura en la Comunidad de Madrid. Esto, unido a los enfrentamientos que han tenido lugar estos últimos dos años en el seno del partido, podría haber puesto sobre aviso. Aunque es comprensible que el hecho de que Errejón haya anunciado su decisión a tan solo cuatro meses de las elecciones haya causado revuelo entre las filas de Podemos.

La distancia entre Iglesias y el que fuera su ‘número dos’ ha sido evidente desde hace tiempo, más desde su enfrentamiento por la deriva del partido hace ya dos años en la Asamblea de Vistalegre. Quizá incluso antes, desde que Espinar se impusiera en el proceso interno de Madrid ante Rita Maestre.

Pero más allá de las acusaciones de traición, los desencuentros y el factor personal —que juega probablemente un papel importante en este caso—, aquí nos encontramos con un problema de fondo: las diferentes visiones sobre el rumbo que debía tomar el partido, las distintas estrategias políticas. Errejón defiende la necesidad de corregir el “viraje ideológico” que asegura que ha sufrido Podemos y plantea un partido menos escorado a la izquierda que permita abrir más posibilidades a la hora de captar votantes. Iglesias no reconoce tal “viraje”, y defiende que su aproximación está más cerca del espíritu original de Podemos. Este debate no es nuevo. Pero cada día que pasa, y con cada nuevo movimiento, las diferencias parecen más irreconciliables.

En cualquier caso, el reciente movimiento de Errejón y su alianza con Carmena plantean ciertas dificultades para el partido de Iglesias. Si, como han anunciado, Podemos planea hacerse a un lado en la ciudad de Madrid para dejar paso a la candidatura de Manuela, pero sin embargo pretende plantar cara a Más Madrid a nivel autonómico, con Errejón a la cabeza, podrían encontrarse con graves problemas a nivel comunicativo. ¿Cómo explicar a los votantes que un partido cuyo discurso siempre se ha apoyado en la importancia de sumar ahora descarta por completo hacerlo? Y sobre todo, ¿cómo defender y atacar un mismo proyecto al mismo tiempo? Mantener un discurso coherente en estas condiciones parece no solo complicado, sino también peligroso, sobre todo en un momento en el que el partido se encuentra en horas bajas. Pero Iglesias ya ha empezado a construir sobre esta idea. En su carta a los inscritos ya deslizó la sentencia de que “Iñigo no es Manuela”, una afirmación destinada a destacar la diferenciación de ambos proyectos —ciudad y comunidad— en la mente de los electores. No parece casual.

Por su parte, Errejón también ha movido ficha abandonando su acta de diputado como estrategia para fortalecer su relato de cara a las autonómicas. Solo queda por ver qué discurso cala más hondo en los electores.


Isidoro Sevilla

Hay que reconocer, con independencia de la posición ideológica de cada cual, que el movimiento de Errejón para posicionarse junto a la marca de Manuela Carmena, es un paso inteligente. Lo es por dos razones:

1. Por la devaluación de la marca Podemos, que se ha convertido en un lastre para sus propios representantes en lugar de ser un elemento de potenciación de estos.Los sucesivos errores de Pablo Iglesias al frente de la dirección de Podemos han generado esta situación. En cambio, la marca Carmena es una apuesta ganadora de momento, al no haber sufrido tanto desprestigio.

2. Por la capacidad de innovar que radica en cada nuevo comienzo: Aunque mucha gente siga asociándole a Podemos, Más Madrid puede tener su propia propuesta independiente y tratar de conquistar un espacio electoral de centro izquierda, en especial a los decepcionados con Podemos y el PSOE. Un espacio tal vez pequeño pero que puede ser decisivo para que el PSOE gobierne.

Dependiendo del potencial resultado de la candidatura Errejonista, especialmente en el caso de que Podemos también se presente por la Comunidad de Madrid, las tensiones en Podemos se podrían agravar, ya que una victoria clara de Errejón frente al candidato Pablista pondría en tela de juicio el liderazgo de la formación morada y podría incentivar a otras formaciones de Unidos Podemos como es IU plantearse las alianzas en las generales.

Es mucho vaticinar, pero si tras una victoria de Errejón en Madrid (al menos un resultado bueno que le permita ser socio de Gobierno frente a la dirección de Podemos), los líderes de la formación morada optan por enrocarse, podríamos tener el germen de una potencial candidatura populista para las elecciones generales, cuya articulación es una incógnita.

Por el contrario, si los líderes de Podemos saben retirarse a tiempo y no presentan alternativa contra Íñigo Errejón, el proyecto de Podemos a nivel nacional puede reducir sus tensiones internas asumiendo que ambas tendencias – la Errejonista y la Pablista, junto a Anticapistalistas, IU y EQUO- tienen forzosamente que convivir.


Sara

Uno más uno no siempre es igual a dos.

Errejón declaraba el mismo día que se unía a la marca Más Madrid "hay que abrir y sumar yendo más allá de las siglas". Esta estrategia es la misma que llevaron con la unión de IU en 2016. Pero esta suma de marcas no significó una suma en términos de votantes, sino más bien una dispersión de los mismos.

Tal vez ese proyecto que definieron en el comienzo de los tiempos ha necesitado una serie de reformas, con las que no todos han estado de acuerdo. Lo que es evidente es que Errejón e Iglesias no poseían el mismo punto de vista sobre los objetivos de la izquierda ni en cuanto al método para conseguir los mismos. La unión pudo ser beneficiosa para ambos en un momento determinado, pero las diferencias sumaron más que los puntos en común.

La cuerda cuando la estiras demasiado…se acaba rompiendo. Y no me refiero únicamente a Errejón. Son numerosos los “Barones” de Podemos y numerosas sus confluencias que no están de acuerdo con las líneas que definen el proyecto. Un proyecto que a pesar de las diferencias, es común. O al menos lo era.
Con esta primera escisión de Errejón, se abre el camino para que otros compañeros sigan por la misma línea. ¿Cuál será el siguiente en abandonar el barco? Mónica Oltra, Ada Colau o Teresa Rodríguez.

Tal vez Errejón trata de abandonar una marca, unas siglas, que no han sido marca de éxito en Andalucía sino todo lo contrario. Tal vez tratara de saltar de un barco que se hunde, salvando así su propia carrera.

La consecuencia de esta cadena de hechos no son más que interrogantes. ¿Cuál será la próxima confluencia en desvincularse de la marca Podemos? ¿Cuál será la estrategia a partir de ahora?


Álvaro Lario

Cuando Pablo Iglesias dice que “Íñigo no es Manuela”, probablemente tiene razón. Pero la inmensa suerte del que fue su portavoz parlamentario es que Íñigo tampoco es Pablo: no es el líder nacional que más se ha desgastado en valoración ciudadana sin haber llegado a tocar poder, el que mayor rechazo causa entre las mujeres y el que muchos asocian con el ala más intransigente de Podemos que en 2016 consideró rentable torpedear la salida del gobierno de Mariano Rajoy.

El movimiento político de Íñigo Errejón (ser candidato de Más Madrid) puede concretarse en una táctica electoral para resultar competitivo en la Comunidad de Madrid, pero no puede analizarse omitiendo los movimientos previos de Pablo Iglesias en el seno de Podemos. El “pacto de los botellines” para concurrir con Izquierda Unida a las elecciones o la renovación de su liderazgo en el segundo congreso de Vistalegre, con la consiguiente “purga” de las cabezas errejonistas de la formación, no sólo revelaban las preferencias estratégicas de la dirección sino que también distanciaron, en términos ideológicos, a las dos grandes facciones que convivían en su interior: la postcomunista y la populista.

Pero no son estos, a mi juicio, los mayores problemas a los que se enfrenta el partido. La compra por parte de Montero e Iglesias de un chalé en Galapagar y la posterior consulta sobre la misma a las bases, siendo tan legítima como mediáticamente llamativa, generó dudas y recelos en torno a discursos que su cúpula venía alimentando desde que entró en las instituciones. La politóloga Hanna Pitkin desarrolla la perspectiva descriptiva de la representación explicando que dicha representación depende de las características del representante. Según esta perspectiva, el representante no actúa por otros (representados) sino que "los sustituye en virtud de una correspondencia entre ellos, de una semejanza o reflejo". Esta idea de teoría política fue hábilmente explotada por los dirigentes de Podemos y fue causa de su meteórico ascenso, inédito en las últimas tres décadas de la democracia española: los políticos de Podemos, a diferencia del resto, sí te representaban porque vestían como tú, compraban en los mismos sitios que tú y vivían en un barrio como el tuyo. Hoy la consecuencia es que, a ojos de muchos votantes, Podemos se ha convertido en algo muy alejado de lo que prometió ser de mayor.

Como en el divorcio de cualquier partido (el actual reagrupamiento de los dirigentes oficialistas en torno a núcleos de amistad trazando una barrera frente a los "enemigos internos", a los que se apedrea públicamente para espectáculo de las redes sociales, recuerda al hundimiento de UPYD), cobra importancia la batalla del relato y toca definir quién ha traicionado al Podemos originario. Quizás aquí debamos conceder razones a las dos partes: Podemos no nació aspirando a ocupar el hueco de Izquierda Unida, sino un espacio amplio y transversal como el que busca Errejón cuando plantea disputar a la derecha los símbolos nacionales; pero no menos cierto es que las esencias de Podemos, movimiento nacido del 15M y curtido en las asambleas de facultad, se diluyen en candidaturas verticales como las de Manuela o Íñigo en las que priman los personalismos frente a la horizontalidad y la participación. Errejón dejó su acta diciendo que en Sol empieza y acaba todo, pero sin delimitar el contenido de ese todo ni avanzar los pasos que vendrán después.