TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Tarek Jaziri Arjona

Algunas reflexiones respecto al surgimiento de los partidos de extrema derecha. Primero observando los diferentes países europeos, vemos que hay de todo. Desde gobiernos de coalición hasta cordones sanitarios, pasando por apoyos electorales. Lo que se observa es que sea cual sea el escenario suelen salir ganando. Evidentemente si forman parte de un gobierno de coalición (Austria, Italia), logran implementar algunas medidas de su ideario. Incluso en menor medida si solo apoyan al gobierno, pero no forman parte de él. Cuando reciben un cordón sanitario, su mensaje populista y anti-élites obtiene más fuerza y acaban obteniendo más réditos electorales (Francia, Suecia). Sea cual sea el caso, también logran introducir temas en la agenda e incluso acercar a los otros partidos a sus posiciones.

En el caso andaluz es importante tener en cuenta los incentivos y bloqueos/lineas rojas que se puso cada actor. No sorprende la facilidad que ha tenido el PP para pactar con Vox, a donde se fueron votantes y cuadros medios (el propio Abascal incluido). Sí sorprende lo rápido que se olvidaron de los pactos de perdedores, una idea muy dañina para la democracia así que bienvenido. Por parte del PSOE, comentar que tanto azuzar el miedo a Vox generó precisamente su pesadilla actual y si querían generar un cordón sanitario, es necesario ofrecer concesiones. Pregunten a los socialdemócratas suecos.

Creo que Ciudadanos se equivoca al formar parte de un gobierno que va a depender del apoyo de Vox para sacar adelante muchas medidas o los presupuestos. Puede chocar con la coherencia de su mensaje centrista-liberal. Sin olvidar que hasta las recientes elecciones apoyaban el gobierno de Susana Díaz. Sin duda, los movimientos políticos a nivel nacional ejercen una influencia a nivel autonómica. La implicación de los líderes nacionales dice mucho.

Es necesaria una reflexión por parte de los medios de comunicación. En busca de clicks y visitas, muchas veces amplifican mensajes falsos. No han de olvidar que una de sus funciones es la de controlar los temas que hay en la agenda. Si bien, hoy en día con Internet y las redes sociales es más sencillo crearte tu propia burbuja política y potenciar la disonancia cognitiva respecto a los mensajes que escogemos. No sería extraño que aparecieran más partidos pequeños, para unos votantes segmentados.


Stephan Zhao

"Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas". Se trata de una lógica que claramente no puede ser extrapolada al contexto político andaluz, cuyas recientes transformaciones van a trascender las fronteras de la región y a proyectarse de forma muy significativa sobre el plano nacional y el futuro de la competición política en España. Desde la noche electoral del día 2 de diciembre han sido varias la explicaciones dadas a la irrupción de Vox y a su relativo éxito. Un electorado activado en términos identitarios como consecuencia del debate en Cataluña, un Partido Popular debilitado por la corrupción, la moción de censura y el cambio de liderazgos, o una significativa desmovilización de la izquierda serían algunas de las claves expuestas.

Llegados a este punto resulta conveniente reflexionar sobre cuáles van a ser las implicaciones de este fenómeno sobre las dinámicas políticas, pudiendo diferenciar a mi parecer dos dimensiones sobre las que ya resultan palpables las transformaciones, nos referimos a la opinión pública y a los actores partidistas.

Las barreras a la inmigración, el cuestionamiento de la violencia de género y la supresión de las autonomías, son temas que han ocupado en las últimas semanas un espacio muy importante en la agenda mediática, lo que supone una sustantiva reconfiguración de las coordenadas del debate público. La batalla por la agenda pública resulta vital en la competición política, ya que constituye una de las bases sobre la que el electorado racionaliza su voto y construye sus percepciones sobre la realidad que le rodea. Vox al introducir estos temas está condicionando los marcos en los que opera la opinión pública y el tablero sobre el que competirán el resto de actores políticos. Respecto a estos últimos destacamos el rápido cambio de discurso del PP en un intento de fidelizar los sectores más conservadores del partido, los cuales se presentan como potenciales fugas hacia la formación de Abascal. Por otro lado, ante la amenaza de que el cambio en la correlación de fuerzas de los bloques ocurrido en Andalucía tenga su extensión al resto de la geografía española, la izquierda se presenta con una estrategia de movilización que trata a su vez de ocupar el centro ideológico desplazando a Ciudadanos y PP a la órbita de Vox.

La capacidad de tracción de Vox ha quedado patente a lo largo del último mes en el que la agenda mediática ha girado en torno a issues planteados por la formación verde, y en el que los partidos políticos han replanteado sus discursos y contenidos programáticos. 2019 se presenta como un segundo capítulo de la ruptura del sistema de partidos que derivó de la aparición de Podemos y Ciudadanos, dando inicio a un nuevo ciclo político cuyo pistoletazo de salida tendrá lugar el próximo 26 de mayo en el marco de unas elecciones autonómicas, locales y europeas.


Isidoro Sevilla

Las elecciones andaluzas han tenido como protagonista indiscutible a VOX: un movimiento político que se constituye en la expresión española contra lo políticamente correcto y contra la narrativa progresista hegemónica entre la opinión publicada occidental.

Tras una campaña con un storytelling recubierto de tintes épicos y patrióticos y cuyo principal canal de difusión fueron las redes sociales, el partido liderado por Santiago Abascal dio la sorpresa superando todas las expectativas e introduciendo 12 escaños en el parlamento andaluz. Desde entonces, ha logrado con éxito introducir su discurso en los medios de comunicación.

Fue en esta última semana cuando, tras mucha polémica en los medios, VOX y el PP llegaron a un acuerdo para el apoyo a la investidura de Juanma Moreno que, a pesar de no incluir una reforma de la LVG, constituye un éxito para el nuevo partido por las siguientes razones:

1.Ha demostrado que es un partido capaz de negociar y de entenderse con otras fuerzas políticas, lo que contribuye a quitarle el estigma de “extremista” y a normalizarle como actor político clave.

2.Ha sido ambicioso en su justa medida, teniendo por máxima respetar los resultados obtenidos en las urnas: Es decir, ha sido consciente de que no podía imponer todo su programa habiendo conseguido 12 escaños y en consecuencia, ha exigido el cumplimiento de medidas en proporción a los resultados obtenidos, visibilizando un claro ejercicio de responsabilidad democrática y de patriotismo.

3.Tal vez lo más importante: Al hacer públicas las 19 medidas que llevó a la negociación con el PP, ha conseguido una amplia cobertura de su mensaje en los principales medios de comunicación del país, que hasta el momento no le habían dado espacio. Además, han logrado que sus ideas dominen la agenda las últimas semanas.


Enrique Clemente Yanes

''Los españolistas, preocupados por la reconstitución de España en el mundo de posguerra, utilizaban un discurso imbuido de regeneracionismo y lo mezclaban con lenguajes heredados del Antiguo Régimen, llenos de referencias al honor y a la hidalguía''. Así describe el profesor Moreno Luzón el clima social que se respiraba en los estertores de la Restauración alfonsina.

En 1918, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, Cambó anunciaba con cierta solemnidad: ''Es hora de la autonomía de Cataluña por la situación del mundo y por la situación de España''. La propuesta del catalanismo afectaba a la arquitectura institucional del régimen. Preveía, ni más ni menos, la existencia de un gobierno responsable ante el Parlamento autonómico. Esto activó rápidamente a distintos grupos (católicos, corporaciones económicas y comerciales y componentes de la derecha monárquica) para arribar a un lugar común: la exaltación de España como unidad política indivisible.

Las calles se llenaron de banderas. Se organizaron manifestaciones masivas donde se entonaban los acordes de la Marcha Real. Incluso la actividad cultural de aquellos días quedó impregnada de la retórica nacional.

La ciencia política se ha lanzado a buscar las causas de un fenómeno, el surgimiento de Vox, que ha pillado a muchos con el pie cambiado. Comienzan a proliferar datos que corroboran una hipótesis plausible: la propia dinámica del 'procès' ha podido ser uno de los sedimentos que han hecho crecer la semilla de un partido nacional-populista en España. Como hace cien años, vuelve al espacio público un lenguaje de tintes casi apocalípticos, que se combina con la conmemoración de episodios y gestas medievales para revalorizar una identidad nacional interpelada y discutida desde Barcelona.


Tirso Virgós Varela

¿Qué posturas políticas son legítimas en una democracia?, ¿cuáles no lo son? Estas dos preguntas han formado parte del desarrollo de nuestros sistemas políticos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Vox ha llegado al escenario español para acabar con nuestra virginidad en materia de partidos de extrema derecha en una era en la que proliferan por Europa. ¿Debe aceptarse como legítimo su discurso?, ¿cuáles son las estrategias a desarrollar para neutralizarlo, si consideramos que no lo es?

Nuestra democracia se define como "no militante", según amplia jurisprudencia del Tribunal Constitucional. Esto es, que toda postura política es aceptada, sean cuales sean sus fines, en tanto en cuanto en sus procedimientos respeten el ordenamiento constitucional. De esta forma, Vox sería un partido perfectamente "legal". Cosa distinta es la "legitimidad" de sus propuestas. Acudiendo en este caso a Rawls, parece claro que determinadas propuestas no pueden ser consideradas como "doctrinas comprehensivas razonables" a la luz de los principios de justicia. Léase aquí la postura ante la LIVG, el matrimonio homosexual o la inmigración del nuevo actor. No han de mezclarse conceptos, sin embargo. Es plausible oponerse a secciones de la LIVG o a la forma de regular la inmigración, pero parece menos legítimo impugnar ciertos principios de nuestra vida en comunidad (máximo esquema de derechos y libertades para todos, compatible con el de los demás) como parte de un programa político.

Es por ello que creo que debe haber una actuación en dos ámbitos. Frente a las propuestas que quieran romper con los principios de justicia que regulan nuestra sociedad, y que podríamos asociar con los Derechos Fundamentales recogidos en la Constitución, confrontación y rechazo a aceptarlos como parte del diálogo. No son, volviendo a la terminología Rawlsiana, razonables, y, por ende, no cabe discusión sobre aquello que, precisamente, garantiza que podamos mantener la convivencia y el diálogo entre posturas políticas diferentes.

Sin embargo, en el ámbito de aquellas propuestas que, aunque "extremas", entren dentro de lo razonable (protección de la tauromaquia, reducción del IRPF, eliminación de sucesiones, por ejemplo), es deber de los partidos políticos enfrentarlas y debatirlas. 400.000 votantes no pueden ser ignorados en absolutamente todas sus demandas, y menos aún si algunas de ellas entran dentro de lo que es razonable en el juego político. De esta manera, creo que se podría conjurar el peligro de la normalización absoluta del partido con evitar la acusación de que no se da respuesta a los problemas de los votantes. Mientras el debate se mantenga dentro de los cauces de lo que es legítimo, Vox podrá ser confrontado como cualquier otro actor. Donde se salga, habrá de ser reconducido a lo que es legítimo y razonable en una democracia.