TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

En un momento como el que está pasando la política española, vivir a tiempo parcial en lugares donde tan solo se tiene cobertura desde una compañía telefónica, probablemente no sea mala idea. Aurora Nacarino-Brabo (Madrid, 1987), es politóloga de formación y Diputada en las Cortes. Pasa mucho de su tiempo en Retuerta, un pueblo situado entre dos símbolos emblemáticos de la historia de Castilla como Covarrubias y Santo Domingo de Silos, pero que hoy, como otros tantos lugares, padece de una dolorosa despoblación. De esta zona procede su familia y aquí Aurora alberga muchas de sus memorias de infancia y veranos. Sentados en una mesa del Bar Bombi, el bar de Retuerta, pudimos hablar de ella, su partido y lo que le pasa a su pueblo.

¿En qué momento se le despierta a Aurora Nacarino el interés por la política?

No hay un momento de despertar político para mí porque la política siempre ha formado parte de mi vida. En casa, mis padres habían militado en el PSOE cuando todavía era un partido clandestino, en las postrimerías del franquismo. Me socialicé en el centro-izquierda y, aunque nunca me afilié a las juventudes de ningún partido, sí llegué a militar brevemente en el Partido Socialista.

¿Y por qué abandona el PSOE?

Hay una deriva que comienza a producirme una incomodidad creciente. Por un lado, la connivencia con el nacionalismo es cada vez mayor y para mí el nacionalismo es una doctrina excluyente e insolidaria incompatible con los principios pluralistas, universalistas y progresistas de la izquierda democrática.

En segundo lugar, son los años de la crisis económica y pertenezco a una generación que tuvo que incorporarse al mercado laboral en lo más duro de la recesión. Algunos de los jóvenes que simpatizábamos con el centro-izquierda entonces reclamamos al PSOE medidas como el contrato único o la mochila austriaca para poner fin a la dualidad salvaje y la precariedad que se cebaba con las nuevas generaciones. El PSOE jamás atendió estas demandas y Ciudadanos las incorporó a su programa reformista.

Por último, pude constatar que el PSOE tenía el mismo ánimo para emprender la urgente regeneración democrática que el PP: ninguno. Los dos partidos estaban enfangados tras 40 años de malas prácticas, clientelismo y corrupción, y no mostraban ningún interés por emprender reformas que sirvieran a una mejor asignación de recursos, a despolitizar los reguladores o a renunciar al control de los jueces. Según el Banco de España, la corrupción, el clientelismo y la mala asignación de recursos nos cuesta una quinta parte de la riqueza total del país, cada año.

La oposición al nacionalismo, la lucha contra la precariedad y la regeneración democrática han sido desde el principio las tres grandes banderas de Ciudadanos, así que es normal que acabara aquí.

"Parece que si uno es liberal no es socialdemócrata, y si es socialdemócrata no es liberal, cuando, por lo menos desde Bernstein, la socialdemocracia se consideró una rama del liberalismo"

¿Hay alguna opinión o convicción política de tus años de juventud de la que te arrepientas?

La verdad es que nunca he tenido ideas demasiado estrafalarias. Habré dicho tonterías, seguro, muchas, pero nunca me dio por ser comunista o anarco-capitalista. El padre de Michel Rocard, que era un señor conservador, lo expresó bien cuando le dijo a su hijo algo así: “Si fueras como toda la gente de tu edad serías trotskista, vamos, un chalado, pero se te pasaría en tres o cuatro años y sería tragable. Pero eres socialdemócrata. Es menos peligroso, pero lo serás toda la vida, y eso es terrible”.

Es cierto que socialdemócrata era una etiqueta política para la era industrial. En esta posmodernidad me parece más preciso reivindicarme como socioliberal. Hacer énfasis en lo liberal me parece importante.

Ser liberal es una etiqueta que puede abarcar mucho. ¿Cómo defines tu liberalismo?

Aquí yo creo que hay mucha confusión. Parece que si uno es liberal no es socialdemócrata, y si es socialdemócrata no es liberal, cuando, por lo menos desde Bernstein, la socialdemocracia se consideró una rama del liberalismo. Bernstein vino a decir que el socialismo, o es una corriente del liberalismo, o no es más que una doctrina mesiánica y salvaje. Eso pienso yo, que soy liberal de Bernstein o de Aron, pero en todo el mundo asistimos al auge de movimientos iliberales, y también a la izquierda socialdemócrata parece habérsele olvidado su herencia liberal. Hay una izquierda sectaria, contraria al pluralismo y puritana en la que yo no quepo. Por eso me parece tan importante reivindicar hoy la bandera liberal.

"Últimamente he llegado a comprender el génesis de un conflicto civil: Solo hace falta una minoría dispuesta e ejercer la violencia y otra minoría más amplia que justifique o niegue esa violencia"

En un artículo que escribiste en El País, hablabas del “momento pluralista” en contraposición a la idea de “momento populista” de Mouffe, haciendo una defensa de los valores liberales respecto a los modelos iliberales planteados por tesis populistas. Hoy hay autores que identifican ciertos elementos populistas en Macron. ¿Existen elementos iliberales dentro de Ciudadanos?

Yo creo que Macron tiene un marcado carácter francés, no me atrevería a decir populista, y que su forma de hacer política tiene importantes tintes de partido plataforma, alejándose del modelo de partido de burócratas del siglo XX. En el caso de Ciudadanos, no todos pensamos lo mismo sobre los mismos temas. Si no esto no sería un partido, sino una secta. Sí creo que hay una vocación de defender el pluralismo y las libertades individuales, porque creo que el principal mal que vivimos en la sociedad española es el sectarismo.

Lo he tenido que vivir en primera persona. Cuando vas a una celebración que siempre has sentido propia, como el 8M o el día del Orgullo, y pasas miedo, y además no encuentras el respaldo de los simpatizantes de otros partidos que se consideran moderados, te das cuenta de que hay un problema grave. Incluso llegas a comprender la génesis de un conflicto civil. Aunque esos actos los protagonicen una minoría, solo hace falta que exista esa minoría dispuesta a ejercer la violencia y otra minoría más amplia que justifique o niegue la violencia. En Cataluña se ve de forma clara. Yo me he encontrado con gente ideológicamente muy próxima, con la que además he tenido mucho trato personal, a la que le parece justificado lo que nos ocurrió en el Orgullo o que directamente nos dice que nos lo estamos inventando.

En ocasiones te reivindicas de “la cantera” respecto a quienes defines como “los fichajes” ¿Dirías que hay alguna diferencia entre el posicionamiento o la visión de los canteranos y los fichajes?

No necesariamente. Hay de todo en todas partes. De hecho, una razón por la que me siento cómoda en Ciudadanos es que hay gente de procedencias ideológicas y ámbitos personales y profesionales muy diversos, gente que va desde la socialdemocracia más clásica a posiciones más pro-mercado o democristianas. Soraya Rodríguez y Bauza son fichajes y ambos tienen procedencias ideológicas distintas. Esa diversidad de ideas hace que escuches al otro, que entiendas sus razones y salgas de la cámara de eco. Y eso es bueno para la convivencia. Es mejor que una homogeneidad ideológica que al final impone dogmas y alimenta un sectarismo al que de verdad temo.

"La virtud que tiene un partido político de centro es la capacidad de pactar a izquierda y a derecha pudiendo extraer más de cada negociación y logrando canjear apoyos a cambio de la realización de una parte de tu programa. Eso exige reivindicar un cierto orgullo veleta y mucha pedagogía"

Decía Toni Roldan en una entrevista que Rivera había virado a la derecha porque barajaba la tesis de que el centro es una especie de estado de transición y que si no se lidera un bloque no se ganan elecciones ¿Está el centro de ciudadanos hoy más huérfano que antes?

El centro sigue siendo la posición ideológica que define a la inmensa mayoría de los cuadros y los votantes de ciudadanos. Hay mucho debate en torno a la posición de Ciudadanos, y creo que es una cuestión en la que hay que distinguir dos formas de aproximación: la estratégica, es decir, cuál es la mejor forma de ganar elecciones, y la normativa, o sea, cuáles deben ser los valores del partido.

Yo no he hablado de esto ni con Albert ni con Toni, pero tengo mi propia opinión. Creo que desde 2015, cuando se produce la ruptura del bipartidismo, ha habido una constante discusión y profusión de análisis muy diversos en los que se trataba de aventurar cuál sería el nuevo equilibrio bipartidista que cristalizaría cuando se superara la crisis política.

Unos aventuraban que los nuevos partidos serían flor de un día; otros, que alguna de las nuevas formaciones sustituiría a un partido viejo, pero casi todos asumían que el multipartidismo era una estación de tránsito hacia un nuevo bipartidismo. Sin embargo, lo que ha sucedido desde 2015 es que ese nuevo sistema de cuatro partidos no solamente no ha experimentado una regresión al bipartidismo, sino que hoy tenemos un quinto partido en el parlamento, con Vox, y pronto tendremos un sexto, con Más País. Por tanto, mi apuesta es que el bipartidismo no va a volver.

Este multipartidismo no es ni mucho menos una particularidad española. Si echamos un vistazo a los sistemas de partidos en Europa, todos han pasado por este momento de fragmentación. Desde los bipartidismos clásicos y canónicos como el británico, a otros sistemas de tradición multipartidista como el holandés, que se ha fragmentado todavía más.

Es un suceso que no es casual, y si uno aplica un razonamiento marxiano, materialista, llega a la conclusión de que tiene que ver con la estructura económica de las sociedades. El cambio tecnológico, que ha producido la división del trabajo, ha profundizado en la división de las identidades, y eso se ha reflejado en los sistemas de partidos.

Si echáramos un vistazo a la Europa del siglo XIII, concluiríamos que una gran masa de gente encajaría en la etiqueta del campesino cristiano. Pero conforme se va poniendo en marcha esa maquinaria capitalista que ahonda en la división de tareas, la especialización del trabajo genera formas de vivir diferentes, con realidades distintas y, por tanto, nuevas identidades. La vida de un obrero de Londres en el siglo XIX poco tenía que ver con la de un campesino de Castilla. Y esto, llevado al siglo XXI, con una revolución tecnológica vertiginosa, se traduce en identidades fragmentadas, que dan lugar a preferencias políticas diversas y a parlamentos multipartidistas.

Volviendo a la pregunta original: pienso que el bipartidismo no va a volver. Sin embargo, se corre el riesgo de que haya un bi-bloquismo, y creo que es un error. La virtud que tiene un partido político de centro es precisamente esa capacidad de pactar a izquierda y a derecha, teniendo las manos libres y, por tanto, pudiendo extraer más de cada negociación, logrando canjear apoyos a cambio de la realización de una parte de tu programa. Eso exige reivindicar un cierto orgullo veleta y mucha pedagogía, claro.

Hay quien cree que así no se ganan elecciones, pero tenemos que cambiar el chip del viejo bipartidismo. Antes, un partido necesitaba una mayoría robusta para poder gobernar, pero, ahora, en el escenario multipartidista, un partido que supere el umbral del 20% y tenga habilidad para llegar a acuerdos con otras fuerzas puede ser un partido de gobierno. Ciudadanos es un partido de gobierno.

"Un partido capaz de hablar a ciudades y clases rurales a la vez está tejiendo una asociación virtuosa para el país y creando una oportunidad para que no se abra una brecha"

Cambiamos de tercio. Despoblación, una de tus banderas durante la campaña. A día de hoy en Europa occidental y en EE.UU está emergiendo un choque entre nativismo y cosmopolitismo, en parte representado por un alejamiento de los valores políticos y comportamiento electoral entre el medio rural y los centros ¿Podría ser que hacer bandera de un tema como la despoblación ahondara en este conflicto entre nativismo y cosmopolitismo?

Yo creo que es precisamente lo contrario. Creo que muchos de los movimientos políticos conflictivos que vivimos hoy en día, del auge de Trump al Brexit o los “chalecos amarillos” en Francia, tienen mucho que ver con esta creciente brecha entre las ciudades y el medio rural, que se va quedando atrás y pierde el carro de la globalización y la revolución tecnológica.

En mi opinión, un partido que sea capaz de hablar a las ciudades y a las clases rurales a la vez, estará tejiendo una asociación virtuosa para el país, estará sentando las bases de un estado cohesionado. Si tenemos en cuenta que hay países que están teniendo conflictos muy graves debidos a esta brecha, entonces creo que hay una oportunidad.

Nosotros el 28-A tuvimos muy buenos resultados en las ciudades, pero también en la España interior, y eso sirve para tejer y vincular un país. Para mí eso es importante, más allá de que, evidentemente, yo pertenezco a una circunscripción con una población rural muy alta que sufre pérdida de población y desindustrialización, y debo representar esos intereses.

Para combatir la despoblación se hacen propuestas como bajadas de IRPF, mejorar el acceso a internet, o incluso mejorar la financiación autonómica. Pero hay elementos más estructurales, como que la economía haya pasado de depender en su grueso del sector primario al terciario, o que los cambios tecnológicos hayan hecho que ya no se necesite 100 personas para trabajar X hectáreas, sino una persona y su maquinaria. Proponer estas medidas para un fenómeno de calado tan profundo parece como curar un tumor con un ibuprofeno.

No lo creo. Primero, las cuentas están hechas. Al fin y al cabo la población que vive en municipio de menos de 5.000 habitantes no es tanta. Para nosotros es evidente que dar respuestas a la despoblación es dar respuestas al trabajo. La gente no se va del pueblo porque quiere, sino porque deja de tener oportunidades laborales.

Se dice habitualmente que el medio agrario ha perdido peso en relación al PIB, y que eso se traduce necesariamente en movimientos de masas del campo a las ciudades. Es cierto, pero debemos hacer un esfuerzo para dejar de ver toda la España interior como sector primario. Eso ya terminó hace mucho tiempo. Ahora estamos en los albores de una gran revolución tecnológica que va a transformar el mercado laboral tal y como lo conocemos. Se van a abrir nuevas oportunidades para el mundo rural que permitirán a una persona en el pueblo más pequeño de Burgos poner en marcha una idea, y que gracias a internet sea capaz de exportar y tener clientes al otro lado del mundo.

Ahora, para que todo eso pueda funcionar bien tenemos que garantizar que la revolución tecnológica llega a todas partes. Si tenemos una España de dos velocidades, veremos unas ciudades cada vez más insertadas en la globalización y con tecnología más puntera, y un medio rural que se queda progresivamente atrás.

Si conseguimos que la tecnología y las telecomunicaciones lleguen al último pueblo de España, será mucho más fácil que la gente pueda seguir trabajando en sus pueblos. Obviamente no hay recetas mágicas. No vamos a conseguir que el medio rural se llene de masas, pero sí creo que es nuestro deber garantizar derechos y servicios a todos los ciudadanos, vivan donde vivan. Hay mucha gente que no querría tener que irse, otros a los que les gustaría volver para disfrutar de una jubilación tranquila en su tierra, y otros que están cansados de las ciudades y su ritmo frenético y estresante.

"A una chica que quiere ser abogada en Uría no le voy a decir que se quede en Mecerreyes a vivir, pero sí que le voy a proveer los servicios y las prestaciones para que si esa persona se quiere quedar en su pueblo se pueda quedar"

Pero cómo mantener a los jóvenes cuando para obtener una educación de calidad, llegado a un determinado nivel, no solo te tienes que ir a una ciudad, sino muy habitualmente a una gran ciudad. Al final eso avoca a que con un carácter más o menos duradero un joven se asiente en grandes ciudades.

Lo primeros en irse de los pueblos son los jóvenes y las mujeres, que son quienes menos oportunidades tienen en el medio rural. Yo tengo que sacar pecho de que los chavales de Castilla y León son los que mejores resultados educativos obtienen en el test de PISA, al nivel de Finlandia, y es desesperante ver que formamos un gran capital humano pero que no somos capaces de retenerlo en la región.

Luego, cuando llega la hora de ir a la universidad, evidentemente los alumnos se tienen que ir a estudiar fuera. Yo no soy partidaria de poner una facultad en cada pueblo, sino de fomentar universidades y facultades competitivas y punteras, y facilitar la movilidad para que la gente vaya a esas universidades, pero también hay que poner los instrumentos para que puedan volver si quieren, bien a continuar con la actividad profesional familiar o a lo que sea.

He visitado muchas fábricas de empresas grandes en Burgos, líderes mundiales en su sector, y cuando voy allí me dicen que les cuesta encontrar dos tipos de trabajadores: los que tienen formación profesional y los que tienen carreras técnicas, como ingenierías. A veces parece que la FP ha sido el patito feo de nuestras políticas de educación, cuando resulta que hay un montón de demanda de mano de obra con formación profesional, y que además se necesita para empleos en la industria, que son estables y bien pagados.

A una chica que quiere ser abogada en Uría no le voy a decir que se quede en Mecerreyes a vivir, pero sí que le voy a proveer los servicios y las prestaciones para que si esa persona se quiere quedar en su pueblo se pueda quedar. Y eso incluye garantizar la atención sanitaria, los servicios educativos, unas infraestructuras de calidad y unas telecomunicaciones a la altura del siglo XXI.

¿Qué aspira Aurora a alcanzar en política?

Pues acabo de llegar y no me pongo techo. Espero poder trabajar para mejorar la vida de los españoles. Siempre he pensado que la política es la herramienta de cambio más poderosa que existe, así que creo que es una profesión elevada aunque degradada. Me siento muy honrada de poder ejercerla y trataré siempre de dignificarla. Desde pequeña, solo he tenido dos vocaciones: ser futbolista del Real Madrid y representar a mis compatriotas en el Congreso. La primera la descarté pronto porque, aunque un poco ingenua, tonta del todo no era. Espero tener más opciones con la segunda, pero nunca se sabe. Siempre me quedará la escritura, eso sí.

En una palabra:

- Un líder: Aunque Macron o Trudeau me queden ideológicamente más cerca, y aunque den mejor en las fotos y se pongan calcetines de colores, creo que Merkel ha sido la líder europea más importante de nuestro tiempo. Pero, como no es de izquierdas, el feminismo no la reivindica, y eso que su ejemplo ha hecho más por la igualdad que mil tías de FEMEN con las tetas pintadas. Es una pena.

- Un discurso: El de Marcelino Camacho cuando se aprobó la Ley de Amnistía del 77 en el Congreso. La izquierda debería releerlo. O leerlo.

- Un libro: Leí la autobiografía “razonada” de Fernando Savater, ‘Mira por dónde’, en la adolescencia, y tuvo una gran influencia en mi politización.

- Un miedo: El sectarismo y… ¡los aviones!

- Un sueño: El más próximo, revalidar el escaño el 10 de noviembre.