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El pasado mes de octubre Apple presentó sus nuevos terminales, donde aparte de las habituales mejoras en cámara, procesador y acabados los fabricantes destacaron especialmente su compatibilidad con la nueva tecnología 5G. El anuncio fue aplaudido por los medios de comunicación dadas las múltiples aplicaciones que esta nueva tecnología permitiría. Sin embargo, pocos periodistas hicieron eco de cuándo estaría disponible la red 5G en el mercado. Pues, sin un despliegue efectivo de la red, difícilmente podremos disfrutar de las ventajas anunciadas. Por otra parte, si tan relevantes son las mejoras del 5G respecto al 4G, ¿por qué los operadores están retrasando el despliegue de la red 5G?

Si con el 3G pudimos por primera vez conectar los móviles a Internet, y con el 4G desarrollar nuevas aplicaciones aprovechando el incremento en la velocidad de subida y descarga de datos, el 5G disparará la velocidad (por ejemplo, descargando archivos de 10GB en 20 segundos) y permitirá disminuir la latencia (reduciéndose así el tiempo de respuesta entre dispositivos).

Este último concepto, el de latencia, es extremadamente importante porque nunca se había logrado reducir de forma tan significativa. Esta reducción en el tiempo de respuesta permitirá tanto a usuarios como a ordenadores ejecutar cientos de miles de aplicaciones de forma simultánea reduciendo el tiempo medio de interacción de estas de minutos a milésimas de segundo. Esto, que para los usuarios puede no ser relevante por nuestras limitaciones humanas a la hora de trabajar en tareas simultáneas, es vital para las empresas, especialmente en el sector industrial.

El usuario medio suele ejecutar las aplicaciones de una en una, y el tiempo de ejecución ya de por sí es muy bajo, por lo que reducirlo aún más no aportará gran utilidad adicional: que el like de Instagram llegue a la cuenta en 0,001 segundos menos no parece muy relevante dada la limitada capacidad de respuesta del cerebro humano, ya que empleamos mucho más tiempo en pensar si darle al like o no que el tiempo en que éste interactúa con la aplicación. En cambio, la reducción en la interconexión entre dispositivos sí permitirá que los coches puedan circular de forma autónoma sin necesidad de la intervención del usuario, dado que la baja latencia permitirá que las múltiples aplicaciones del coche puedan calcular, de forma casi instantánea, la velocidad adecuada del coche dependiendo de la vía, las condiciones del terreno, la distancia de seguridad respecto al resto de usuarios, etc.

Por lo tanto, vistos los enormes avances que permitiría esta tecnología en el sector empresarial, uno podría pensar que las operadoras de telecomunicaciones españolas (Movistar, Orange, Vodafone y MasMobil) tendrían fuertes incentivos para desplegar la red lo más rápido posible. Sin embargo, lo cierto es que existen varias razones que están retrasando el desarrollo de la infraestructura 5G respecto a las previsiones iniciales.

En primer lugar, para implantar el 5G de forma eficiente el gobierno tiene que subastar la banda de los 700 MHz, que es la banda de frecuencias que permite una mejor cobertura en grandes edificios tales como hospitales o bloques de oficinas. Es cierto que algunas compañías  han empezado a ofertar el 5G, pero empleando principalmente la banda de 3400-3800 MHz. Aunque esto supone una mejora en la velocidad en la descarga/subida de datos, apenas permite explotar la potencia real del 5G en los grandes núcleos urbanos. España tenía que haber subastado la banda de los 700MHz durante el primer semestre de este año, pero debido a la pandemia provocada por la Covid-19 se decidió posponer. A raíz de las últimas declaraciones del gobierno, todo parece indicar que la subasta podría producirse durante el primer trimestre del 2021.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta que los costes de esta nueva tecnología son muy elevados. Tal es así que, por primera vez en la historia, los grandes operadores de telecomunicaciones han comenzado a compartir redes de forma voluntaria (sin la intervención forzosa del regulador) y a vender sus torres y equipos a terceras compañías como Cellnex para subcontratar el servicio de mantenimiento. Esta estrategia exitosa de Cellnex, basada en comprar las torres de las principales operadoras para emplearlas en la futura red de 5G, le ha permitido convertirse en el segundo proveedor de redes de comunicaciones a nivel mundial, lo cual explica su espectacular subida en bolsa.

Sumando el coste de los equipos y el pago de la subasta de la banda de los 700 MHz, la cuantía total rondaría los 5.000 millones de euros. A pesar de todo, algunos operadores como Vodafone han tratado de liderar el sector empleando las bandas comprendidas entre los 3400-3800 MHz para ofertar el 5G. El uso de estas bandas permitió incrementar la velocidad de descarga ocho veces respecto a la media del sector; sin embargo, seis meses después el resto de las operadoras sacaron ofertas similares volviendo al viejo mantra de las telecomunicaciones: ser el primero no te garantiza mantener el liderazgo, especialmente en un sector donde los costes fijos son similares y la capacidad de diferenciar el producto es muy limitada.

Una tercera razón, ciertamente relevante, es la confianza en los proveedores. Puesto que en la actualidad el mayor proveedor de equipos de telecomunicaciones es Huawei, existen fricciones políticas y comerciales que podrían retrasar la implantación de equipos de 5G procedentes de dicha compañía. Aunque Nokia, Ericsson y Samsung también disponen de equipos, el depender únicamente de ellos para la expansión sin duda retrasaría el despliegue de la red, ya que hoy en día los equipos chinos son los más eficientes y punteros.

Vistas las razones del retraso del 5G en España, resulta interesante analizar cuál es nuestra posición respecto a nuestros vecinos europeos, para lo cual nos vamos a centrar en dos  parámetros fundamentales: el número de núcleos urbanos que ya emplean el 5G a través de la banda de 3400 -3800 Mhz, y el índice de penetración de la fibra óptica en el hogar (FTTH). Mientras el primer factor es indicativo de las iniciativas políticas y empresariales de los países en la penetración del 5G, la fibra óptica nos da una idea más realista sobre la capacidad real de implantar el 5G, dado que en el corto plazo será necesario emplear la red de fibra óptica para pasar de velocidades de 4G a 5G.

El siguiente mapa representa el número de ciudades  en Europa con 5G  en Abril del 2020:

Fuente: https://www.reddit.com/r/MapPorn/comments/ghtgw7/europe_5g_coverage_spring_2020/

A grandes rasgos  se puede observar que el 5G ha llegado a prácticamente todas las capitales y los núcleos importantes de población, sin penetrar en las ciudades medianas, por lo que volviendo la vista a España no dejamos de estar dentro de la normalidad. Aunque es cierto que países como Suiza, Reino Unido, o Finlandia han tomado la delantera en la implantación del 5G, es muy difícil  predecir cuál será la tendencia en el medio y largo plazo en la penetración real del 5G en estos países. Es cierto que, salvo en Reino Unido, el espectro ha sido subastado correctamente y que la cobertura empleando la banda de los 3400-3800 MHz  hasta ahora está resultando exitosa, ya que ha permitido incrementar la velocidad de la red. Sin embargo, es difícil cuantificar el impacto real del 5G ya que  el número de torres 5G en las principales ciudades todavía  sigue siendo muy reducido.

Respecto al nivel de fibra óptica en el hogar (FTTH), España fue pionera en la construccion de red de fibra óptica, promovida por la aprobación en 2011 por parte de la CNT (Comisión Nacional de las Telecomunicaciones) del NEBA (Nuevo servico Enthernet de Banda Ancha) a nivel nacional. Este plan permitió que los operadores pudiesen adquirir ancho de banda y configurar sus propias ofertas minoristas con un límite de 30 Mbps. Los resultados son palpables en el siguiente gráfico, que muestra  el índice de penetración de la fibra óptica en el hogar (FTTH) en los distintos países europeos.

Fuente: FTTH Council Europe - Panorama at September 2019

Por lo tanto, si en el encendido del 5G estamos a la par que nuestros vecinos europeos, y tenemos suficiente fibra para poder iniciar las instalaciones de las nuevas torres 5G, ¿por que el gobierno no ha tratado de fomentar la expansión de la red 5G en España? Ciertamente, en algunos ámbitos se han creado algún tipo de ayudas  concretas,  y existen propuestas interesantes destinadas tanto a abaratar costes en el despliegue en la instalación de torres como a reducir el precio de salida y las condiciones de pago en la subasta de la banda de 700 Mhz. Sin embargo, desde el punto de vista del contribuyente medio, estas medidas son difíciles de justificar.

En primer lugar, porque van a ser las empresas las principales beneficiarias del 5G. ¿Por qué deberíamos los ciudadanos contribuir con la expansión de la red? Por lo general el Estado subvenciona bienes y servicios, tales como la sanidad o la educación, por los efectos positivos que acaban revirtiendo en los propios ciudadanos. Aunque en el caso del 5G una intervención decisiva del gobierno  podría agilizar la expansión de la red, existe un riesgo de que las empresas no cumplan con todo lo pactado, como ya ha pasado anteriormente. En este caso, se podrían producir retrasos importantes ya que  las empresas tendrían fuertes incentivos para desplegar la red en torno a las grandes ciudades dejando a un lado los municipios de mediano tamaño, reduciendo el tamaño social óptimo de la red 5G.

En segundo lugar, no podemos olvidar que el espectro radioeléctrico/las bandas de frecuencia son un recurso escaso y sumamente valioso del gobierno y éste tiene derecho a obtener un rendimiento por su cesión. Dado que el precio del espectro radioeléctrico no deja de ser un coste fijo, en un principio las empresas mantendrían su estructura de negocio invariable; por lo que, aunque el despliegue de red se agilizase, los consumidores no experimentaríamos reducciones en las tarifas móviles. Además en una situación tan complicada a nivel financiero y sanitario la prioridad del gobierno ha de ser reducir el impacto económico provocado por el COVID-19. Por lo que es comprensible que el gobierno prefiera retrasar el 5G y realizar la subasta adecuadamente antes que renunciar a 1.000 millones de euros que obtendría como mínimo de la subasta del espectro.

En conclusión, lo que está claro es que sin una infraestructura real y sin unos incentivos empresariales definidos resulta imposible poder desarrollar todas las novedades tecnológicas que nos permitirían aprovechar el máximo potencial del 5G, y por extensión es inevitable que se retrase como mínimo hasta las próximas navidades. En resumidas cuentas: por mucho que  los medios, los políticos  y la sociedad quieran ir más rápido que el mercado, el mercado siempre tiene su propio ritmo.