TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Está a punto de concluir el año 2016. Un año que políticamente no puede dejar indiferente a nadie. Si bien en España hemos estado casi todo el año entre pactos de investidura fracasados y citas electorales, el asunto por el que más se recordará 2016 es , sin duda, por ser el año en que todas las tensiones existentes en los principales sistemas políticos occidentales (y particularmente anglosajones) han llegado a su máxima expresión. Estas tensiones , latentes desde hace muchos años, se manfiestan en el comportamiento electoral de diferentes grupos heterogéneos. La clase social, el nivel educativo, el ámbito rural o urbano y la menos estudida atribución de estereotipos sociales son los principales clivages que han protagonizado 2016. Con toda seguridad están para quedarse y trasladan a la trinchera política una crisis cultural (y no sólo económica) que atraviesan nuestras sociedades.

Los acontecimientos políticos más relevantes e inesperados por los medios de comunicación mainstream ( incluyendo a la mayor parte de analistas y de voceros) han sido, en orden cronológico, el referéndum del Brexit y la victoria de Donald J. Trump en las presidenciales de EEUU. Ambos acontecimientos son expresión de un cambio de ciclo histórico del que se pueden intuir sus dimensiones, pero no su duración e impactos a largo plazo.

Hay dos factores que permiten englobar a estos dos fenómenos y a comprenderlos con el rigor que la ciencia social merece- opiniones de cada cual aparte- estos factores son:

1.- La Globalización y la crisis económica: Talo Colantone y Pierio Staning, profesores de economía y ciencia política en la Universidad de Bocconi, se molestaron en cruzar las regiones que más votaron a favor del “Leave” en el referéndum del Brexit, en consonancia con la pérdida de competitividad económica, concretamente frente a las importaciones chinas. ( Ver gráfico 1)

brexit

                                                                    Gráfico 1

El gráfico permite visualizar una de las muchas razones del voto a favor del Brexit: la narrativa (y palpable realidad) de que la globalización supone un problema económico para las clases trabajadoras y medias empobrecidas. La crisis económica irresuelta ha contribuído a disminuir de manera perpetua el nivel de vida de los que levantaron la economía tras la dura 2º Posguerra mundial y de sus hijos que la mantuvieron al alza.

El discurso de Trump se basó en esta misma crítica a la globalización y a sus tratados comerciales que afectan especialmente a un grupo homogéneo y numeroso que es el constituido por la clase trabajadora nativa / blanca.

Estos trabajadores no votaron a favor del Brexit porque quisieran un Reino Unido más desrregulado o un paraíso fiscal. Probablemente su objetivo fuera recuperar un Estado de Bienestar más garantista, perdido desde las décadas de los 90 (con cesiones cada vez más mayores al libre mercado entre países desiguales.) Con la crisis de 2007, los Wellfare State han eclosionado y se ha instalado un nuevo paradigma económico que deja también al margen del bienestar económico a otros grupos homogéneos entre sí como son los universitarios precarios (que en muchos casos, por su esquema de valores no han optado por el Brexit). La crisis es sobre todo, de expectativas, pero esconde detrás la oportunidad de derrotar a los que llevan haciendo la misma política desde los 90: lo que se denomina “stablishment” que no es otra cosa que una mezcla entre las fuerzas políticas y económicas dominantes y los discursos culturalmente aceptados, como son los derivados de la corrección política. Lo que se está empezando a mover en el mundo occidental es una “rebelión de las clases medias” que pretende llevar al poder a movimientos que los representan y que son percibidos como “outsiders” por los políticos más cómodos con el sistema social imperante. En términos de Lenin, estos votantes, sin darse cuenta, quieren frenar el proceso de acumulación de capital que ha entrado en una nueva “fase final del capitalismo”. Ya no se trata de imperialismos europeos en África , sino de la posibilidad de generar un mercado mundial sin fronteras que desprotege al trabajador,pues el Estado-Nación no puede proteger a sus trabajadores porque, de hacerlo, la inversión se iría a otro lugar, donde la mano de obra sea más barata. Es, en definitiva, una rebelión contra los nuevos tratados comerciales y sus implicaciones políticas.

2.- La soberanía y la cultura: pero hay algo más. Con una explicación enfocada en la economía no podemos distinguir por qué los votantes optaron por la “alt-right” y no por una izquierda alternativa. Esto se comprende si atendemos a que las izquierdas alternativas han priorizado en su agenda política causas que son ajenas a la situación de clase. Se han precupado de defender lo que Inglehart llamó “los valores postmaterialistas”. Los valores postmaterialistas son los que se producen en sociedades de bienestar avanzadas en las cuales se ha logrado una cierta distribución de la riqueza. Los votantes dejan de preocuparse mayoritariamente por llegar a fin de mes y se preocupan por causas como la ecología, la igualdad LGTBI, el feminismo u otras que antes no eran la principal preocupación de la izquierda socialdemócrata . Pero claro,una vez que se vuelven a manifestar problemas de corte material, lo demás vuelve parcialmente a un segundo plano. Tal vez no entre los votantes de clase media que estudian cómodamente en la universidad y que no deben preocuparse del porvenir hasta que salgan, pero sí entre los que no pueden entrar por su situación económica o sencillamente tienen una escala de valores crítica con la norma imperante en los medios. Y efectivamente, las únicas opciones políticas que se han manifestado en favor de priorizar el discurso de clase, en exclusiva, han sido los pertenecientes, en sus múltiples variantes, a lo que se conoce como “Extrema derecha”. Por supuesto, la “extrema derecha” también habla de otros temas como la identidad, vinculada al fenómeno migratorio. Así, la narrativa que exponen es que la inmigración no sólo ha hecho descender las condiciones laborales, sino que ha transformado el modo de vida de los ciudadanos produciendo un auténtico choque cultural en muchos aspectos, incluida la discriminación positiva con el foráneo, que es percibida con rechazo por Estados-Nación de Bienestar en los que la igualdad entre los ciudadanos es un valor en sí mismo. Las poblaciones medias empobrecidas son las más sensibles al ver cambios en su entorno y forma de vida, ya que no pueden, por ejemplo, cambiar de barrio o de ciudad. Así, el auge de la inmigración ha sido un elemento clave tanto en la victoria del Brexit como en la de Trump en base a sus implicaciones politicas y culturales.

En el caso de los EEUU, el movimiento que ha presentado un claro apoyo a Trump ha sido la “Alt-Right”. La “Alt-Right”, según la describe el periodista judío, republicano y homosexual, Milo Yannopoulos es un cúmulo de tendencias diversas que se expresan por internet y coinciden en la crítica a la inmigración y la defensa de la soberanía nacional por encima de otros asuntos políticos. Este movimiento complejo se compone de votantes mayores en su mayoría, pero también de intelectuales jóvenes que han sido los colaboradores en la “guerra de memes y tweets” de las presidenciales norteamericanas.

En conclusión, 2016 ha sido el año en las clases medias y trabajadoras han dicho “¡basta!” a los políticos del stablishment y sus narrativas por razones muy diversas . Veremos si este ciclo histórico que empieza es un cambio de paradigma o no.

Fuentes:

Colantores; Staning.(23 November 2016) ” Globalisation and Brexit”. Vox CEPR´s Policy Portal. Extraído de:

http://voxeu.org/article/globalisation-and-brexit.

Inglehart, R. (1977) La revolución silenciosa.

Lenin,V. (1917). Imperialismo: la fase superior del capitalismo.

Yiannopoulos, M; Bokhari,A. (2016) “El Manifiesto de la derecha alternativa”.Extraído de la publicación digital “El Manifiesto, periódico políticamente incorrecto.”

http://elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5492