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10 Claves para entender las Revoluciones

Hace tiempo que se abandonó el concepto de sociedad como un sistema cerrado, inmóvil y rígido en el estudio sociológico. Esta visión buscaba continuamente la armonía y el equilibrio con un claro componente de clase: evitar todo tipo de conflicto. Obviamente, el conflicto y el cambio social son constantes en el desarrollo de una sociedad: son inherentes a ella. Cuando estos dos elementos se unen, se desarrollan procesos de grandes cambios en la estructura social dentro de los cuales el más radical es la Revolución.

Entendemos por Revolución un proceso de cambio social que se da en un período relativamente corto de tiempo y que afecta no sólo a la dirección de una sociedad (encarnada por un grupo dominante u otro) sino a la base económica, cultural y social del conjunto. En otras palabras: es un cambio drástico de las relaciones de poder, de la jerarquía social, de la ideología dominante y hasta de la propiedad. Se distingue por lo tanto de los golpes de Estado, las insurrecciones, los levantamientos militares y demás acciones que es cierto que cambian la dirección política pero sin afectar a la estructura económica, la ideología dominante o las relaciones de propiedad.

Teniendo en cuenta la enorme diversidad no sólo geográfico-histórica sino cultural y social de las Revoluciones que se han llevado a cabo a lo largo de la Historia, en este breve artículo repasaremos los puntos que tienen en común según la opinión de dos clásicos del estudio social: Alan Todd en “Las Revoluciones 1789-1917” y Salvador Giner en “Sociología”.

  1. El eje central de toda Revolución es un conflicto que se da entre grupos sociales, es decir, un antagonismo intenso de clases. No se trata sólo de un descontento con la situación actual sino de la puesta en marcha de un segundo mecanismo más profundo que el descontento: la toma de conciencia por parte de una clase oprimida o dominada y su voluntad de apropiarse del poder. Ya sea la burguesía en 1789 en Francia o el proletariado (clase obrera y campesinado) en 1917 en Rusia, el proceso de agudización de la conciencia de clase es evidente y fundamental para la toma del poder y el establecimiento de una verdadera Revolución.

  2. Está claro que las Revoluciones no se producen en períodos de abundancia y riqueza, por muy mal repartida que esté. No obstante, los estudios ya citados confluyen en la idea de que tampoco se produce en el peor momento económico, es decir, en el fondo de una crisis económica. Se trataría más bien de un gap o diferencial entre las expectativas económicas que serían crecientes y la realidad de la economía, que produciría una fuerte frustración dentro de los desposeídos. En palabras de Salvador Giner: “Tanto Marx como Tocqueville insistieron en que no es la mera pobreza lo que desencadena la Revolución, sino la percepción de la desigualdad como algo injusto e insoportable”. Se trataría por lo tanto de un proceso cognitivo colectivo por el cual la desigualdad es percibida como injusta y no la conciencia de “ser pobre”.

  3. No debemos enjaular la sociología de la Revolución dentro de una única explicación económica: también se produce un descontento o frustración de las expectativas crecientes de poder y estatus. En las Revoluciones documentadas, las clases desposeídas en solitario (pensemos en el campesinado en la Revolución Francesa o el campesinado y la clase obrera en la Rusa) hubieran fracasado en su intento si no se hubieran esforzado en una política de alianzas que fuera más allá de su clase y se encontrara con las “clases medias”, en su mayoría pequeños propietarios, comerciantes y tenderos así como intelectuales que ven frustradas sus expectativas de poder y estatus en un sistema en crisis. Su papel como mediador entre las clases dominantes y las dominadas es decisivo en ciertos momentos históricos de cambio: se tiende a decir que a Adolf Hitler y su NSDAP lo votaron los obreros alemanes, pero lo que realmente ocurrió (búsquense análisis electorales) es que estas clases medias descontentas que sufrieron un mayor diferencial de poder que la clase obrera apoyaron a la alta burguesía en su coalición con el Partido Nazi (estos primeros perdieron sus numerosas propiedades mientras que la clase obrera no perdió nada, simplemente se agudizó su miseria por lo que no hubo un diferencial de expectativas o frustración más grande de lo normal).

  4. Es obvio que un gobierno que “hace bien su trabajo”, es fuerte, es eficiente y tiene el respaldo popular, por muy ilegítimo que sea no será derrocado. Es necesario que se de una situación de incompetencia dentro de las clases dominantes en el gobierno para que se cree el descontento necesario para la Revolución. Si el gobierno no se adapta económica y tecnológicamente a los cambios, si no abre el reclutamiento de personas de otro origen social al gobierno o si no es creativo políticamente en situaciones pre-revolucionarias está claro que acabará por caer o por ser derribado. En este sentido Lenin apunta que esa situación de incapacidad genera siempre un fuerte descontento dentro del ejército y que “es requisito de toda revolución que el ejército deje de ser leal a las clases dominantes”.

  5. Esto último nos lleva a otro requisito relacionado con el cuarto punto. Este resquebrajamiento de la legitimidad del bloque dominante debe acompañarse de una “fuga” de ciertos grupos o fracciones de las clases dominantes que se unen a las clases dominadas. Puede ser el caso de los estudiantes, intelectuales e incluso pequeños propietarios en la Revolución Cubana de 1959 o el de los mencheviques, los pequeños propietarios rurales (kulaks) y parte del funcionariado y los intelectuales en la Revolución Rusa, que renegaron de su apoyo a las clases dominantes para enfrentarse a ellas en la lucha revolucionaria.

  6. Un grupo ciertamente muy particular dentro de las sociedades es el de los intelectuales. Podrían ser considerados como los generadores del pegamento ideológico que mantiene cohesionada una sociedad… o que puede derretirla. Este grupo es el que más fácilmente puede sentir la privación de estatus y se sienten aislados e inútiles dentro de un gobierno que les da la espalda. En el bando revolucionario pueden servir para crear la base ideológica sobre la cual debe erigirse la nueva sociedad y ver así cumplidas sus expectativas de poder y estatus. La hostilidad de la comunidad intelectual hacia el bloque dominante es algo esencial en la lucha revolucionaria.

  7. Como hemos comentado, toda Revolución se desvanece en el momento en que es incapaz de proponer algo a la vez que pretende destruir la sociedad existente. Los intelectuales juegan un papel fundamental en la creación de la ideología revolucionaria. Según Giner: “La producción de energía revolucionaria implica la creación de un centro rival de interpretación ideológica de la situación” para proponer una sociedad diferente y atacar al bloque dominante. Esta ideología revolucionaria puede trabajarse de diferentes maneras, ya sea recogiendo héroes nacionales olvidados (como es el caso de Simón Bolivar en la Venezuela Bolivariana o José Martí en Cuba), valores que siempre han pertenecido a la comunidad (indigenismo y defensa de la pachamama en México con el EZLN y en Bolivia con el gobierno), a través de serios análisis de la sociedad que se quiere combatir (Marx y Lenin) o incluso a través de la crítica literaria con relatos utópicos como los de Tomás Moro o Charles Fourier.

  8. El momento revolucionario se caracteriza por una fragmentación de la legitimidad que ya no reposa sólo en el bloque dominante sino que empieza a repartirse dentro del “polo revolucionario”. Se crea de esta manera una dualidad de poderes: dos focos de legitimidad se disputan el control político de un país. Ya sea la Asamblea Constituyente frente a Luis XVI en 1789, la Comuna de París y el Gobierno en el exilio francés en 1871 o los barbudos cubanos en Sierra Maestra y el dictatorial gobierno de Batista en Cuba en 1959, vemos la presencia de dos focos de poder y de legitimidad. En un cierto momento, las élites revolucionarias (partido de vanguardia, guerrilla, obreros más conscientes) toman la dirección de un segmento de la población descontenta que hasta hace poco se regía por las reglas del bloque dominante y los conduce a la toma de poder (campesinos cubanos, sans-culottes franceses…) negando de esta manera la legitimidad del poder establecido.

  9. Hasta la fecha no se ha conocido un movimiento revolucionario que no dependa de una dirección, partido o grupo de personas más conscientes que ejercen de líderes del conjunto del movimiento. Las minorías revolucionarias altamente organizadas como las llama Salvador Giner se muestran presentes empíricamente comprobado en todas las Revoluciones: jacobinos, bolcheviques, ejército revolcionario, todos ellos responden a estas características. Esto no debe confundirse con el blanquismo o el insurreccionalismo: es el conjunto del bloque dominado el que hace la Revolución, sin el movimiento en su conjunto es imposible tomar el poder. Estas minorías que hemos nombrado representan el liderazgo y la dirección y no toman ellos en solitario el poder y a la espalda de las masas, sino no hablaríamos de Revolución sino de Golpe de Estado o de insurrección.

  10. Por último, es necesaria una situación internacional favorable que permita el “libre desenvolvimiento” de la tarea revolucionaria sin la intervención de fuerzas externas en el proceso para que éste sea real. No obstante vemos como en Rusia en 1917, el contexto internacional pese a que es cierto que ayudó en gran medida a efectuarse la Revolución de 1917 gracias al desgaste militar y económico en la Primera Guerra Mundial, tan solo dos años después el nuevo Estado Soviético fue atacado por una decena de potencias mundiales por la peligrosidad de su ideología para las clases dominantes de sus países. La Guerra Fría, una especie de juego de suma 0 geoestratégico entre EEUU y la URSS, permitió una situación de no intervención directa de estas dos potencias y de esta manera generarse una gran cantidad de procesos revolucionarios a menudo conectados con guerras de liberación nacional anticolonial donde la cubana es la más conocida.

Podríamos enumerar más elementos como la violencia inherente a la tomade poder o la contrarrevolución ulterior a la revolución pero nos extenderíamos demasiado para el formato de este artículo. El estudio de las Revoluciones se revela complejo y multicausal como hemos podido observar con estos apuntes socio-históricos. Su análisis es esencial en estos momentos de cambio social acelerado y de profunda crisis socio-económica global. El discurso pronunciado el 1º de Mayo del 2000 por uno de los prácticos más efectivos de la Revolución, el ex-presidente de Cuba Fidel Castro, reúne en un párrafo con su lenguaje e ideología particulares muchos de los elementos ya citados y añade uno más, el anhelo internacionalista de toda Revolución:

Revolución es sentido del momento histórico. Es cambiar todo lo que debe ser cambiado. Es igualdad y libertad plena. Es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos. Es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos. Es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional. Es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio. Es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo. Es no mentir jamás ni violar principios éticos. Es convicción profunda de que no existe en el mundo fuerza capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestro sueño de justicia para Cuba y para el mundo. Es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.
Fidel Oliván Navarro

Fidel Oliván Navarro

(Zaragoza, 1993). Estudiante de Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid y en la Universidad de Buenos Aires. Trabajo en una radio comunitaria y como becario en la UC3M.

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